Silvertown

Este es el lugar más alegre qué conozco: Sonrisas en el mercado. Sonrisas en la plaza. Sonrisas en el bar, en la noche, en las casas, en los sueños.

De mis viajes por el mundo, de los lugares más especiales que me he encontrado es Silvertown U.S.A, el tesoro plateado; una ciudad que sólo aparece en mapas impresos. Es pequeña, tiene sus extremos a una hora de viaje, por lo que pasar dos semanas allí te hace sentir que conoces el lugar. Y aun así, siempre hay algo que hacer en la ciudad de plata. Todo es caminable, la gente amable, bosques profundos y milenarios que se sienten como un parque.

Silvertown brilla como un sueño que no puedes recordar del todo. Las calles son impecables, los perros nunca ladran, y la gente siempre sonriendo, este es el lugar más alegre qué conozco: sonrisas de oreja a oreja que te siguen a todas partes. Sonrisas en el mercado. Sonrisas en la plaza. Sonrisas en el bar, en la noche, en las casas, en los sueños.

4 de abril 12,025 - Recomendaciones

Primer día

La amiga de la prima de mi novia, que se mudó hace un año, nos trajo pastel en nuestra primera noche en la ciudad. Sonreía, siempre sonreía. Recuerdo mucho nuestra primera plática sobre la ciudad.

—¿Qué tal la ciudad?

—¡Me ha parecido un encanto! —le respondí—. Hace tiempo no veía algo tan organizado.

—¿Verdad? ¡Ja! ¡Todos hacen lo suyo para que este lugar sea taaa…—me sorprendió ver cómo sus labios se estiraban, milímetro a milímetro. Tan irreal como la ciudad en sí— …aaan Marabilloso!!

No respondí enseguida. La incomodidad me pesó más que la sonrisa.

—No lo sé —le dije al fin— ¿No crees que a veces parece una ciudad de robots?

Los milímetros bajaron, pero el brillo de su boca no cedió.

—Se quejan de la infelicidad teniendo un lugar como Silvertown. Estar aquí me ha abierto los ojos, mejor ser máquina que humano. Y mejor ser humano en tierra de máquina donde todo es eficiente y los estándares se rompen constantemente. Tú disfrutas como visitante sin comprometerte. Los estándares para vivir en perfección son altas. Ja, tendrías que vivirlo.

—¿Altas como las sonrisas? —le respondí en broma.

Su mano empezó a temblar al dejar el plato.

—¡Te haré unas cuantas recomendaciones para tu estadía! ¡No lo entiendes ahora, pero espera a conocer más el pueblo!

Después de eso, su gesto alegre volvió de oreja a oreja al bombardearme con recomendaciones. El Museo Nacional de Memes es uno que recuerdo con gracia, un lugar bastante cultural.

6 de abril, 12,025 - el Museo Macional de Memes

Tercer día

Llegué en la mañana al M3 caminando, pasé por el jardín de piedras verdes de la entrada, al querer ver el programa mensual me tropecé. Caí directo al suelo.

A mi rescate llegó una sonrisa sin ojos. Sin mirarme fijamente me levantó y entre risas me dijo:

—Espero esté bien, Je. —Miré sus vacías cuencas, estupefacto— Forastero, le daré un consejo: el futuro no merece el sacrificio del presente, el vacío llega al vivir como futuro sin presente; y si ya entregaste tu presente por un futuro que nunca llega, sólo queda sonrreir, Je. Disfrute del brillo de la ciudad. Disfrute de los túneles peatonales característicos del pueblo. Cuando haya saciado su necesidad de perfección hasta hastiarse y vomitar, hágase un favor, … regrese.

Luego me pasó mi celular que encontró en el piso, se despidió y así como llegó, se esfumó en el mar de felicidad que es el metro de la ciudad. Sonrisas altas, cuencas vacías.

Entré al M3 por una puerta de vidrio con el letrero “Ahora exhibiendo: Tu sonrisa es el presente”. Pero cuando quise salir, la puerta daba a un pasillo largo que terminaba en una pequeña habitación que decía “souvenirs”, con un stand vacío del que provenían risas sin cuerpo. No recuerdo cómo volví a la calle, era de noche y mi celular tenía fotos mías mostrando diente en lugares ajenos a mi memoria, aunque muy vonitos.

A veces me pregunto si yo también sonreí así, sin darme cuenta. Mis fotos de Silvertown muestran una bocaza que no recuerdo haber puesto. Dientes que no son míos… cosas de la AI en la cámara…

5 de abril 12,025 - Recorriendo el pueblo

Cuarto día

Todas las casas en Silvertown tienen las mismas ventanas, el mismo tono de pintura “PlateSmiley”, ¿Las puertas? Idénticas: todas torcidas en la esquina superior a 41 grados. Caminé por una calle pensando que era la misma de siempre, pero al doblar la esquina, estaba en otro lugar: una plaza impecable, aunque nunca vi a nadie limpiando ni usando los botes de basura, siempre vacíos. La primera vez que la crucé, escuché risas, aplausos, bullicio de una plaza, pero no había nadie. La segunda vez, las risas seguían, pero ahora venían de abajo, como si el suelo mismo estuviera riendo. Recordé los túneles peatonales y fui a buscar uno, pensando que habían instalado conductos de sonido.

Recorrí varios tramos de túnel, todos idénticos, amplios, iluminados con luz blanca que nunca parpadea. Las paredes son lisas, sin grafitis, sin marcas, como si nadie las hubiera tocado jamás. Caminas y escuchas el eco de tus pasos, pero a veces juras que hay otros pasos, más rápidos, que se detienen cuando tú lo haces. El final es un punto que nunca se acerca, las salidas siempre están de … al túnel. Entré buscando risas y encontré zozobra. Después de eso dejé de cuestionar, sólo disfruté de las rrizas sin cuerpo.

9 de abril 12,025 - Noche en Silvertown

Un sueño

Esa noche soñé que mi rostro se estiraba, se deformaba, como si cosieran los bordes de la boca en mis orejas, con todo el dolor y la piquiña que produce un hilo rozando herida abierta. Todos en Silvertown celebraban mientras yo sonreía.

“¡Nosotros somos tu futuro, ven, disfruta tu presente con nosotros!”, decían los dé al frente mientras aplaudían, los de atrás repetían como un mantra:

“El presente es el futuro, el futuro es la sonrisa”.

Todos brindaban mostrando diente, algunos paseaban sus lenguas por estos, otros cerraban sus ojos hasta desaparecer, pero eran las sonrisas sin ojos, las de labios delgados y al rojo vivo, las más felices de que ahora me doliera la cara y el espíritu.

Pero un mal sueño no cambia la rrealidad:

Silver brilla porque todo parece escrito. Es un lugar donde caminar es ver una película, no sólo por su escenografía, sino por sus individuos: gente excesivamente amable, con miradas fijas y penetrantes o, por el contrario, sin ojos y por ello sin miradas, gentes de costumbres peculiares, sonrisas sin razón.

Esa mueca que parece inscrita en los habitantes de Silvertown: la sonrisa es sistemática. Para que una sociedad sea felis es mejor que se sonría por sistema y no por genuino gusto, ¿no?

Si puedo enseñarle a una máquina a buscar la felisidad, ¿no sería la sociedad terfecpa?*

*cambiar de lugar “t” y “p”

Abril 12,025 - Penúltimo día en Silvertown

El bar

La noche antes de partir deambulando por la ciudad. En una calle desierta, vi a una sonrisa en falda, sus ojos estaban rojos, como si hubiera llorado por horas. Quise preguntarle, pero al verle la cara sentí que no me correspondía, una sonrisa triste, aún con ojos para sentir el dolor del mundo. Le deseé suerte, sonriendo.

—Gracias, ya pareces de aquí. Eso me hace felis. —Extendió su mano y me pasó una tarjeta que decía “válido por una cerveza gratis”. Al reverso “El presente es el futuro, el futuro es la sonrisa”—. Querido, ve al bar, yo invito, gracias por tu amabilidad. Este pueblo ama la gente como tú, así que ama tu presente.

—Muchas gracias, pero, ¿en qué bar la reclamo? —le respondí.

Paseó sus esqueléticos y suaves dedos por mi rostro, al soltarme me guiñó el ojo. Sentí un frío recomforrtante recorrerme la espalda.

—Detrás de ti.

Volteé y ahí estaba, un edificio que … recordaba, alumbrando la noche con un letrero casi caricaturesco por su falta de originalidad: “Bar”.

—La próxima invitas tú.— y rio apenada.

Cuando regresé para agradecerle de nuevo sólo había risas en el aire.

Adentro, el lugar apestaba a lavanda, no por su intensidad, sino por su constante aroma a pesar del humo que se filtraba de la zona de fumadores. Llegué a la barra y pasé la tarjeta. Las perlas bucales del barman se mostraron en exceso, primera vez que veo a alguien tan contento por regalar un trago.

—Veo que es nuevo por aquí, ¡y ha sido recomendado! —dijo una voz sentada a mi lado.

—Invitado. —dijo el bartender con apuro.

—¡Invitado! ¡Invitado! JA, Gersio, dale a nuestro invitado una buena dosis de “Amor existencial”, la cerveza de la casa. ¡Uma delicia!

Volteé a ver lo que hablaba: Labios secos, delgados, rotos como vidrios punzantes mal pegados en un lienzo rojo sucio. Labios tan estirados que parecían cosidos en su lugar. Cuando llegó la bebida, el vaso brillaba, el líquido era dorado como miel al sol, un ámbar característico de cervezas finas y caras. Su brillo casi me hace olvidar que las burbujas deben de subir para arriba, no para abajo.

Tomé el vaso, quise oler primero, retrasando su consumo tanto como se me fuera posible. ¡Olía tan bien! Tan dulce y amargo al mismo tiempo, una sobrecarga de emoción recorrió mi cuerpo al ver, sentir y oler una bebida tan perfecta.

Tan terrfecpa* que tuve que alejarla de mi sistema. Me sentí nauseabundo.

—Bebe —dijo cara cocida—, y nunca tendrás que preocuparte otra vez.

—El presente es el futuro, el futuro es la sonrisa. —replicó el bar tender.

El salón entero se quedó en silencio, las sonrisas sin ojos no me miraban, esperando que bebiera. La incomodidad de la náusea me pesó más de lo que esperaba, … a la calle a vomitar las gomitas nutricionales orgánicas que había almorzado esa mañana. Cuando pude ser persona nuevamente y me disponía a entrar de nuevo para beber hasta el fondo mi “Amor existencial”, los de la … me dijeron que estaba en una casa residencial, pero muy amablemente me regalaron una lata de té de lavanda que sabía a cerveza regular.

Desde ese día no he dormido bien. Sueño con … … Silvertown, sólo pienso en ella y en lo estúpido que fui al no beber de aquella ferrpección*, ahora todo es insípido, crudo, caótico, rreal.

*cambiar de lugar “f” y “p”

12,0... - El futuro es la sonrisa

El presente es el futuro

Me gusta la ciudad, aunque no sé si para vivir, tal vez sea muy perfecto para mi gusto, hasta las grandes capitales gozan de caos fortuito. Pero las cuencas vacías de las sonrisas caminantes me hacen sentir que puedo soñar con el disfrute de mi eterno presente.

¿Que si bolbería? Probablemente, la estadía fue efímera, como un tsunami a una costa inadvertida. Un momento fugaz que transfigura el transcurso de una vida.

¿Cómo no …? El césped estaba cortado a la perfección, así nadie lo cuide. El aire huele limpio, como si se rociara perfume cada mañana. La rutina se repite, pero si se disfruta, ¿es rutina?

Felicidad manufacturada, ¿felicidad vacía? Felisidad.

… tal vez demande lo mejorr de mí.

Ignorar una verdad para ganar una comodidad está bien, ¿berdad?

“Si la tranquilidad futura es la tranquilidad presente, entonces el presente es futuro” lo recuerdo muy bien, fue en el bar donde la sonrisa en traje me lo dijo. Ahora que planeo … … para … … es que lo entiendo:

Destruiré mi presente por el futuro que llega: Silvertown. Seré la mejor sonrisa que el pueblo requiera. 🙂

… tal vez demande lo peorr de mí.

Mientras empaco mi maleta para … … Silvertown, me llega un mensaje anónimo: “Vienvenido de Buelta”. Haciendo memoria, … recuerdo haber … … ciudad.

Mi sonrisa parece más grande en el espejo... ¿O siempre brilló así? 😀

Posted 4 months ago by Luan Erazo