¿Cuánto desprecio implantado hay que superar para poder ver este mundo como algo tan puro como un bebé jugando? ¿Es inocente un león al comerse una cebra? ¿O la serpiente que se come los polluelos?
Es difícil amar el mundo cuando hay un velo transparente oscuro que obstruye la vista
“este mundo es horrible”
Dicen los penitentes del espíritu, esos que hacen del pensar, su mártir, su amsioso dios.
“No debí hacer eso” “o… que desgracia” “el futuro no promete”
Se dicen así mismos mientras piensan todas las formas en lo que podría salir mal. Su mente ahora es su dios, su guía, su sufrimiento. Porque dios no se calla. Ya no lo soportaba más, por eso me convertí en cómplice de la muerte de dios.
Calle la mente, me vacíe, abrí los ojos, y encontré el divino mundo. La inocencia de ver todo lo que es y no lo que quisiera que fuera.
Por ello, me alejé lo más posible del sepulcro y del cadáver que vi caer, solo quiero estar con las montañas y los ríos. Entender el mundo como un gran conjunto de cosas que existen, un ecosistema que necesita todo para funcionar. La interdependencia de todas las cosas, propiedades emergentes que nosotros humanos traducimos como sistemas. Pero solo hace falta una variable para dañar todo un sistema.